sábado, 18 de marzo de 2017

¿El fin del socialismo?

No me refiero al socialismo como sistema de ideas políticas, como modelo de sociedad, como utopía..., sino al socialismo "real", es decir, al que aspira en cada país a gobernar y dirigir hacia la solidaridad a los estados. ¿Donde están ahora los Bruno Kreisky, Billy Brandt, Olof Palme, François Miterrand y otros grandes líderes como han sido? ¿Donde los Jaurés, Blum, Besteiro, Matteotti y otros que han sido? No existen. El socialismo, en la actualidad, carece de liderazgos en el sentido moral de la palabra. Puede tener candidatos que se disputan estas o aquellas elecciones, estos o aquellos puestos, pero no tienen ideas, ni aportan nada a un movimiento socialista muerto. Basta con entrar en la página de la Internacional Socialista para comprobarlo: casi nada de lo que allí se dice se pone en práctica en los países donde los socialistas gobiernan o tienen responsabilidades parciales.

El papel que jugó el socialismo en los siglos XIX y XX ya no existe; ya porque la nueva estructura de clases ha puesto a los partidos socialistas fuera de juego, ya porque el mundo comunista ha dejado a muchos socialistas sin referente (los comunistas también son socialistas de ideas) ya porque el capitalismo se ha adaptado de forma extraordinaria para desarmar a los sindicatos y quiltarles su principal clientela, los obreros de la industria y del campo (este último dejado a su suerte en las sociedades modernas). Los partidos socialistas jugaron un importantísimo papel tras la segunda guerra mundial, fortalecieron a los sindicatos, propusieron el "estado del bienestar", lo pusieron en marcha, allegaron recursos a los poderes públicos, hicieron la escuela pública con los partidos republicanos de izquierdas, laicos y demócrata cristianos avanzados; extendieron la sanidad a todos, consolidaron la paz, apoyaron a los movimientos populares en América y otras regiones del planeta... pero terminaron por abrazar el capitalismo sin oferta de recambio.

El capitalismo -lo sabemos bien- no tiene hoy alternativa a los ojos de nadie, pero ello no significa que haya que aceptarlo sin más. Puede combatírsele, denunciar sus contradicciones, proponer medidas coyunturales que, poco a poco, lo vayan desnaturalizando, abriendo huecos en un mundo dominando por los grandes dueños del dinero y entregado sin freno a la globalización. 

Los partidos socialistas etán hoy descuartizados en toda Europa, cuna de tantas cosas que han se han irradiado al resto del mundo. Aquí tienen que formar gobierno con la derecha (Alemania), allí con otros tres o cuatro partidos cada cual menos representativo de una sociedad compleja y plural (Italia, Holanda, Bélgica...), en España entregado a disputas estériles y en manos de descerebrados al por mayor... Los partidos socialistas -lo digo a mi pesar- no jugarán ya nunca el papel que tuvieron en el mundo y en las sociedades, han agotado su ciclo histórico y deben repensarse o se diluirán en el torbellino de la historia.

La extrema derecha con herencias del fascismo más claro (ahora se le llama populismo) campa por sus respetos en las democracias construídas por los socialistas; en Rusia se capitanea el más descarado apoyo a gobiernos despóticos y xenófobos; en China se hacen negocios de la mano de las grandes mafias acogidas a un régimen corrompido hasta la médula. En América latina los populismos se han vuelto a abrir camino (como antes con Perón y otros "outsiders" de la política). En Europa los "Cinco Estrellas" y "Podemos" han robado los votos que antes permitían a los partidos socialistas hacer sus políticas, apoyados en grandes compromisos sociales. 

Los partidos socialistas, reducidos hoy a la mínima expresión (véase el caso griego), camino de ello en otros países, no tienen ideas, no son decididos en materia de inmigración, energía nuclear, laicismo, lucha contra la corrupción, defensa del medio ambiente... y tantos otros temas de importantísima actualidad. Se da cabida a personajillos que aspiran al medro personal, que no respetan la disciplina en los parlamentos, que no tienen ya el sentido de solidaridad que caracterizara al movimiento socialista. Corbyn en Gran Bretaña es un ejemplo de indisciplina e incoherencia, por más que haya que considerarle méritos incuestionables; Valls y Renzi ¿que son? ¿que han sido? Derrotados a la primera de cambio en las elecciones primarias de sus respectivos países. Sustituidos por tecnócratas que se hacen llamar "socioliberales" (¡manda güevos!). Partidos socialistas que han claudicado del papel que el Estado ha de jugar en la economía, dejando a las empresas privadas, a los bancos, a las mafias y a los especuladores que regulen los mercados, que dicten sus normas, que despojen a los más neceitados del aire para respirar...

Me dispongo a no renunciar a los ideales del socialismo, por más que no haya hoy quien sea capaz de recoger tanta tradición, tanto esfuerzo, tantas nuevas ideas como genera la sociedad civil en los campos de la ciencia, la cultura, los derechos humanos y la juventud. Hoy ofertan mucho más los que actúan en profesiones, en ONGs, en agrupaciones informales, en los barrios, en el día a día, en los cenáculos de uno y otro signo, que los dirigentes políticos, autofagocitados en formas y maneras más propias del surrealismo y la ensoñación.

L. de Guereñu Polán.

2 comentarios:

FUNDACIÓN LUÍS TILVE dijo...

Tu certero análisis contiene en si mismo la solución: hay que volver a cuestionar la esencia misma del capitalismo, incluso mediante el uso de medidas de fuerza. Al comienzo sería, como siempre ha sido, una minoría la que asume los riesgos de enfrentarse al sistema, pero si el evoluciona hasta que los dueños del mismo teman por sus beneficios ofreceran terrenos de dialogo y concesiones. Los de la vieja escuela sabemos que el término "relación de fuerzas" es el que marca los puntos de inflexión.
Isidoro

FUNDACIÓN LUÍS TILVE dijo...

uN ABRAZO, ISIDORO. gUEREÑU.